" El
cheloveco que estaba sentado a mi lado -había esos asientos largos, de
felpa, pegados a las tres paredes- tenia una expresión perdida, con los
glasos vidriosos y mascullando slovos, como "De las insípidas obras de
Aristóteles, que producen ciclámenes, brotan elegantes formaniníferos"
Por supuesto, estaba en otro mundo, en órbita, yo sabía cómo era eso,
porque lo había probado como todos los demás, pero en ese momento me
puse a pensar, oh hermanos, que era una vesche bastante cobarde. Tú
estabas ahí después de beber el moloco, y se te ocurría el meselo de que
las cosas a tu alrededor pertenecían al pasado. Todo lo veías clarísimo
-las mesas, el estéreo, las luces, las niñas y los málchicos- pero era
como una vesche que solía estar allí y ya no estaba. Y te quedabas
hipnotizado por la bota, o el zapato o la uña de un dedo, según el caso,
y al mismo tiempo era como si te agarraran del pescuezo y te sacudieran
igual que a un gato. Te sacudían sin parar hasta vaciarte. Perdías el
nombre y el cuerpo, y te perdías tú mismo, y esperabas hasta que la bota
o la uña del dedo se te ponían amarillas, cada vez más amarillas. Más
tarde, las luces comenzaban a estallar como átomos, y la bota o la uña
del dedo, o quizá una mota de polvo en los fundillos de los pantalones
se convertían en un mesto enorme, grandísimo, más grande que el mundo, y
era el momento que iban a presentarte al viejo Bogo o Dios, y entonces
todo concluía. Gimoteando volvías al presente, con la rota preparada
para llorar a grito pelado. Todo era muy hermoso, pero muy cobarde. No
hemos venido a esta tierra para estar en contacto con Dios. Esas cosas
pueden liquidar toda la fuerza y la bondad de un cheloveco. "
Ricoeur, J.M. Schaeffer y J. Bruner coinciden en considerar la narración como un importante instrumento de conocimiento humano. Para Ricoeur, los relatos son "modelos para volver a describir el mundo". En este sitio encontrarás relatos que pueden vertebrar una clase de biología, química, matemática, química, filosofía y otras disciplinas.
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viernes, 16 de mayo de 2014
lunes, 19 de septiembre de 2011
“El mar” - Jorge Luis Borges
Antes que el sueño (o el terror) tejiera
Etiquetas:
Biología,
Filosofía,
literatura
EL AGUA
Miryam Colombotto
Llueve casi con timidez.
Cierro la puerta a otros ruidos
para oír sólo el sonido del agua.
La canción de cuna más antigua
que adormeció la tierra;
el eterno tema
que lava el alma hasta dejarla
despojada.
Cierro la puerta a otros ruidos
para oír sólo el sonido del agua.
La canción de cuna más antigua
que adormeció la tierra;
el eterno tema
que lava el alma hasta dejarla
despojada.
Me arraigo a este paisaje
como un árbol sediento
y permito que ella camine
por mis sentimientos
en todas direcciones.
como un árbol sediento
y permito que ella camine
por mis sentimientos
en todas direcciones.
Y consiento
que intente hallar los límites.
Yo
no los encuentro...
que intente hallar los límites.
Yo
no los encuentro...
Beatriz Ferro
Tener una tiza mágica
eso sí me gustaría.
Escribiría: vaca-burro
flor-silla-panadería
y nadie podría entender
y nadie podría entender
y todo el mundo diría:
Qué cosas raras que escriben
estos chicos hoy en día
Y cuando escribiera: plim
traplicopi-lurulía,
entonces sí que, enseguida,
entonces sí que, enseguida,
todo el mundo entendería.
Etiquetas:
escritura
señores, está compuesta,
como ustedes saben, de moléculas.
las moléculas están compuestas de partículas,
carga, masa, extrañeza y espín:
huellas que se disipan
en la cámara de burbujas
y desaparecen en mi mano,
en estas interminables fórmulas,
que ustedes conocen o no conocen,
señores, y que yo aquí
dibujo en la pizarra negra
con tiza, con tiza, con tiza.
Hans Magnus Enzensberger
Etiquetas:
Química
LOS NÚMEROS
Mary Cornish
Me gusta la generosidad de los números.
La disponibilidad, por ejemplo,
que demuestran para contar
personas o cosas:
dos pepinillos, una puerta de habitación,
ocho bailarinas engalanadas como cisnes.
Me gusta la docilidad de la suma
-añadir dos tazas de leche y batir-,
su sentido de la abundancia: seis ciruelas
en el suelo, tres más
cayendo del árbol.
Y la tabla de multiplicar
peces por peces,
su lomos plateados reproduciéndose
bajo la sombra
de un barco.
Ni siquiera la resta representa una pérdida,
sino incorporación a alguna otra parte:
de cinco gorriones echaron a volar dos,
los dos están ahora
en otro jardín.
Hay una amplitud en la división,
cuando abres la comida china
cajita a cajita,
y dentro de cada galleta de la suerte
aguarda una nueva fortuna.
Y nunca dejaré de sorprenderme
por el regalo del resto,
liberado al final:
cuarenta y siete dividido entre once es igual a cuatro,
y quedan tres.
Tres niños a los que llaman sus madres,
dos italianos haciéndose a la mar,
un calcetín que no está dondequiera que busques.
Etiquetas:
Matemática
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