Antes que el sueño (o el terror) tejiera
Ricoeur, J.M. Schaeffer y J. Bruner coinciden en considerar la narración como un importante instrumento de conocimiento humano. Para Ricoeur, los relatos son "modelos para volver a describir el mundo". En este sitio encontrarás relatos que pueden vertebrar una clase de biología, química, matemática, química, filosofía y otras disciplinas.
Buscar los cuentos a partir de estos criterios
- Biología
- ciencia ficción
- Consignas de interpretación y producción de textos
- Distopia
- escritura
- Etica ciudadana
- Extrañamiento
- Filosofía
- Física
- Formación ética y ciudadana
- Formación ética y ciudadana
- Geografía
- Historia
- Intertextualidad
- literatura
- literatura infantil
- Matemática
- Medio Ambiente
- Microcuento
- Microcuentos
- obra de teatro
- Parodia
- policiales
- Proyecto áulico
- Psicología
- Química
- Sobre la ficción
- Sobre la lengua
- Tecnología
- Teoría del conocimiento
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
lunes, 19 de septiembre de 2011
“El mar” - Jorge Luis Borges
Antes que el sueño (o el terror) tejiera
Etiquetas:
Biología,
Filosofía,
literatura
miércoles, 31 de agosto de 2011
sábado, 20 de noviembre de 2010
Mentir
Mentir
por María Teresa Andruetto
¿Qué puede hacer una niña tímida, de ocho, nueve, diez años, que tiene nariz grande, piernas flacas, ropa deslucida y que se sabe invisible para sus compañeras de grado? ¿Qué puede hacer esa niña a la que su madre ha contado cuentos cuando ella era la niña de la niña que hoy es, sino leer, leer desaforadamente todo lo que hay en su casa? ¿Y qué hay en su casa? Una mezcla de Twain y D´Amicis, de Stevenson y Tagore, de Dumas y Olegario Andrade, de Collodi y Kempis, una edición bellísima de El Quijote, varios Shakespeare en las ediciones populares de Tor, una Divina Comedia, un Decamerón, muchos libros sobre cooperativismo, muchas biografías y relatos de viaje, una colección de literatura política argentina que tiene desde Alberdi a Monteagudo, desde Moreno a Mansilla, con todo Sarmiento y todo Echeverría, y, sobre todo, mucha y buena literatura informativa, enciclopedias, diccionarios, historias universales y argentinas, historias de la música, del arte, de la fotografía, de la filatelia... porque no era la literatura sino el conocimiento lo que primaba en la casa y había que saber, saber cómo se hacen las cosas, cómo está compuesto el universo, cómo se generó la vida en la Tierra... porque los libros tenían un sentido utilitario y tal vez no hiciera falta leer una novela, pero cómo ignorar la evolución de la pintura desde Altamira hasta Picasso. Y yo, la niña que yo era, iba por esos libros inmensos que, sin duda, no comprendía, con el mismo desparpajo, con la misma irreverencia con que transitaba por las fotonovelas —Nocturno, Chabela, Idiliofilm— que había, a montones, en la casa de mi amiga Rosa, o por las hojas teñidas de sangre de la revista Así en las que el carnicero envolvía la carne que me habían mandado a comprar. Todo tenía para la imaginación de mis ocho, mis diez años, el mismo valor, porque yo iba por esos libros y diarios y revistas, buscando anécdotas, historias, para contárselas a mis compañeras de grado, historias que, mentirosa, contaba como propias. Iba a la escuela cada mañana, y en el recreo largo, me sentaba en un banco de cemento, en el patio y les contaba a mis compañeras de entonces algo que había leído el día anterior, una historia que alargaba o modificaba a mi antojo, para agregar suspenso o acabar a tiempo para regresar al aula. Ellas no sabían que esas historias no me pertenecían, que se trataba de episodios robados a los libros, y yo sentía por eso una inmensa vergüenza, pero lo mismo contaba, como un vicio cuya marcha no podemos detener, yo contaba. Lo que no sabía era que en aquellas historias narradas para que me quisieran mis compañeras de grado, yo estaba ejercitándome ya en esta pasión, en este delicado hacer, en esto que Abelardo Castillo llama el oficio de mentir.
Etiquetas:
literatura
lunes, 8 de junio de 2009
Nada hay más útil...
"Nada hay más útil que la literatura, porque ella nos enseña a interpretar la ideología y nos convierte en seres libres al demostrarnos que todo puede ser creado y destruido, que las palabras se ponen una detrás de la otra como los días en el calendario, que vivimos, en fin, en un simulacro, en una realidad edificada, como lso humildes poemas o los grandes relatos, y que podemos transformarla a nuestro gusto, abriendo o cerrando una página, escogiendo el final que más nos convenga, sin humillarnos a verdades aceptadas con anteriordad. Porque nada existe con anterioridad, sólo el el vacío, y todo empieza cuando el estilete , la pluma, el bolígrafo , las letras de la máquina o el ordenador se inclinan sobre la superifcie de la piel o del papel para inaugurar así la realidad" Luis GArcía Montero, Confesiones Poéicas, GRanada, 1993, pág. 144
Etiquetas:
literatura
jueves, 4 de junio de 2009
11.EL FABULISTA Y SUS CRÍTICOS. Augusto, Monterroso.
En la Selva vivía hace mucho tiempo un Fabulista cuyos criticados se reunieron un día y lo visitaron para quejarse de él (fingiendo alegremente que no hablaban por ellos sino por otros), sobre la base de que sus críticas no nacían de la buena intención sino del odio.
Como él estuvo de acuerdo, ellos se retiraron corridos, como la vez que la Cigarra se decidió y dijo a la Hormiga todo lo que tenía que decirle.
Como él estuvo de acuerdo, ellos se retiraron corridos, como la vez que la Cigarra se decidió y dijo a la Hormiga todo lo que tenía que decirle.
Etiquetas:
literatura,
Parodia
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

